Los siguientes artículos publicados son propiedad intelectual de su autor, sin embargo se autoriza su copia o reproducción total o parcial, siempre y cuando se indique clara y destacadamente el nombre del autor, fecha de públicación, origen y sitio web.
¿Qué es la Lengua de Señas Chilena?
Víctor Castillo Martínez, Docente de Lengua de Señas Chilena. Fecha de publicación: Año 2006.
1.-¿Qué es la Lengua de Señas?
La Lengua de Señas (Lense) es el sistema de comunicación utilizado por aproximadamente 80% de las personas sordas, para poder expresar de una manera sencilla, rápida y clara sus ideas y sentimientos, y consiste en la representación de frases, palabras o situaciones mediante movimientos determinados de las manos, acompañados de expresión oral, facial y corporal.
Esto último significa que la Lengua de Señas siempre debe emplearse coordinadamente junto a la expresión oral, facial y corporal. No hacerlo dificulta la comprensión del mensaje que se quiere entregar. Por ejemplo, al realizar la seña “dolor” la expresión facial y corporal debe reflejar claramente el mensaje, si no se hace puede dificultarse la comprensión o perderse el significado. Similar situación se produce al realizar la seña “¿Quién?”, donde la expresión facial siempre debe indicar claramente un signo de interrogación.
2.-Flexibilidad y extensión de la Lengua de Señas
La Lengua de Señas es muy flexible y extensa porque nos encontramos con los siguientes casos:
- Una seña puede representar el papel de adjetivo, sustantivo o verbo, según el contexto de la oración. Ejemplo: Trabajador (a), trabajo (s), trabajar (v).
- La misma seña puede representar sinónimos o derivados de una palabra cuando no tiene una seña específica. Ejemplo: Obrero (a), obra, labor (s), laborar, obrar (v).
Se debe tener presente que si una seña puede representar el papel adjetivo, sustantivo o verbo, según el contexto de la oración, o sinónimos y derivados cuando no se tiene una seña específica, ello significa que una seña determinada siempre se realizará de la misma manera y su significado variará según el contexto. Por esto es importante prestar especial atención a los sinónimos, derivados y familia de palabras de cada seña, ya que la seña será siempre la misma. Ejemplo: Bonito = Lindo, precioso, hermoso, bello. Casa = Vivienda, hogar, domicilio, morada.
3.-Universalidad de la Lengua de Señas
Es importante aclarar que la mayoría de las señas utilizadas por los sordos no son universales, porque cada país tiene su propia cultura y su propia lengua, situación que también se repite dentro de un mismo país, donde muchas de las señas difieren de una región a otra. Esto último se debe a que las Lenses se desarrollan según la realidad geográfica, histórica, política, económica, social y cultural de determinados lugares, aunque ello no es impedimento para que las personas sordas puedan comunicarse entre sí.
Los usuarios de la Lengua de Señas tienen una gran capacidad de adaptación y asimilación, lo que les permite superar las diferencias lingüísticas en un mínimo de tiempo.
4.-Relación Seña-Palabra y Seña-Concepto
La relación entre la Lengua de Señas y la Lengua Oral no es de “seña-palabra”, sino que de “seña-concepto”, lo que significa que el mensaje que se entrega con señas no corresponde a la traducción literal de cada palabra, sino que entrega un concepto o significado. Por ejemplo, la seña “¿Cómo estás?” o “¿Cómo te llamas?” no indica una traducción de cada palabra, pero sí el concepto, expresión o significado.
5.-Generalidades de la Lengua de Señas
La Lengua de Señas, al igual que la Lengua Oral, posee cadencia, ritmo, énfasis, pausas y duración, que inciden de manera importante en la expresión y comprensión del mensaje que se está comunicando.
Se debe prestar especial atención a la posición de la mano al momento de utilizar la Lense, ya que cada seña posee movimientos únicos, que implican posición de la mano, distancia del cuerpo, cantidad de movimientos y hacia donde se realizan, ya que realizar un movimiento en vez de dos o viceversa equivale a distorsionar su significado o alterar por completo el mensaje. Ejemplos: Comprar-pagar, centro-país, vino-viernes, tener-quién?
Es importante tener presente que el movimiento de las señas debe realizarse siempre con una sola mano, la mano dominante, que puede ser derecha o izquierda, pero nunca se debe alternar entre ambas, ya que dificulta la atención, concentración y comprensión.
Por otro lado, la Lense siempre debe utilizarse acompañada de lenguaje oral, ya que ello ayuda a comprender y desarrollar mejor la relación Lense-lenguaje oral.
Tener siempre presente las siguientes consideraciones:
- Configuración: Forma que adquiere la mano al realizar una seña.
- Orientación: Posición que adquiere la mano, palma hacia arriba, hacia abajo, hacia el frente, de costado, etc.
- Lugar de articulación: Lugar del cuerpo donde se realiza la seña: boca, frente, pecho, hombro, etc.
- Movimiento: Movimiento de las manos al realizar una seña: giratorio, recto, circular, vaivén, quebrado, etc.
- Punto de contacto: Parte de la mano dominante (derecha si se es diestro, izquierda si es zurdo) que toca otra parte del cuerpo: yema de los dedos, palma o dorso de la mano, etc.
- Plano: Lugar donde se realiza la seña, según la distancia que la separa del cuerpo.
- Componente no manual: Es la información que se transmite a través del cuerpo: Expresión facial, componentes hablados y componentes orales, movimientos del tronco y hombros. Como ejemplo: al expresar tiempo futuro nos inclinamos ligeramente hacia delante, y al expresar pasado, hacia atrás.
6.-Lengua de Señas y no Lenguaje
Se ha observado el uso indiscriminado del término "Lengua" y "Lenguaje" de Señas, lo que produce confusión, razón por la que es necesario aclarar que la palabra correcta es "Lengua de Señas Chilena", ya que el término "Lengua de Señas" es utilizado en casi todos los países de Latinoamérica.
Además, la definición linguística de Lenguaje corresponde a "la capacidad del ser humano para expresarse y comunicarse"; en tanto Lengua corresponde al "sistema de signos que emplea una comunidad linguística como instrumento de comunicación".
Recuerde: la palabra correcta es "Lengua de Señas" y no "Lenguaje de Señas". Prefiera a los profesionales que utilizan correctamente los términos linguísticos y evite a aquellos que no lo hacen.
7.-La Lengua de Señas y la Cultura Sorda
La Lengua de Señas es la lengua natural de las personas sordas y es utilizada por casi 80% de los sordos a nivel mundial, ya que es el medio que más facilita su independencia, comunicación e interacción con el mundo que les rodea, lo que también se debe a que este porcentaje de sordos tiene severos problemas de comprensión de palabras o contenidos abstractos y de semianalfabetismo.
Palabras tan simples para nosotros, como “documentos” o “domicilio” son para ellos palabras desconocidas y sin sentido, por lo que es importante tener siempre presente que se debe utilizar un vocabulario sencillo, dejando fuera adornos y abstracciones innecesarias.
8.-¿Cómo comunicarse con un sordo?
Para poder establecer una comunicación aceptable con una persona sorda, lo principal es mantener la calma y naturalidad, ya que generalmente las personas oyentes se quedan en blanco y se bloquean.
Se debe comenzar hablándole de frente, con la barbilla elevada, mirándolo directamente a la cara, modulando lentamente y formando las vocales y consonantes. Se recomienda además hablar separando las sílabas, utilizando un vocabulario sencillo, sin adornos ni abstracciones.
9.-Importancia de aprender Lengua de Señas
La importancia de aprender Lengua de Señas radica en el hecho de que constituye una herramienta de trabajo para la comunicación directa y sin intermediarios con discapacitados auditivos, contribuyendo a una integración más efectiva a la sociedad, pero en ningún caso habilita para ejercer docencia en Lengua de Señas, porque esa función compete exclusivamente a un Profesor Sordo acreditado, Nivel Experto, que es el que maneja y domina las señas utilizadas a lo largo de Chile.
Es necesario hacer presente que los cursos de capacitación deben ser complementados obligadamente con cursos de perfeccionamiento permanente, porque la Lengua de Señas, al igual que la lengua oral, evoluciona y se actualiza con nuevas palabras, conceptos y modismos.
Los cursos de Lense siempre deben ser realizados por Profesores Sordos acreditados y nunca por personas oyentes, sean profesionales de la educación, fonoaudiólogos, sicólogos o familiares de personas sordas, ya que no se encuentran calificados para hacerlo porque desconocen el correcto uso, aplicación y manejo de la Lense.
|
¿Integración o Inclusión Educativa de Alumnos Sordos?
Víctor Castillo Martínez, Docente de Lengua de Señas Chilena. Fecha de publicación: Año 2004
Después de asistir a un Encuentro Nacional de Escuelas de Sordos, que organizó la División de Educación Especial del Ministerio de Educación de Chile, se nos entregaron variados documentos, entre los cuales, por primera vez, me llamó la atención el uso reiterado de la palabra inclusión.
Confieso que no tenía claro el significado exacto de esa palabra y que, inconscientemente, la relacionaba con integración. Sin embargo, como no quedara conforme con mis suposiciones y se me presentaran reiteradas dudas, decidí investigar el significado correcto de los términos integración e inclusión.
Encontré diferentes interpretaciones, pero hubo una que parecía ajustarse muy bien a lo que estaba buscando, y no dejó de sorprenderme el enfoque, que estimo necesario transcribir y que corresponden a unos párrafos del artículo de Silvana Veinberg y Marisa Macchi, Integración del niño sordo en la educación inicial.
La palabra "integrar" viene del adjetivo latino "integer -egra -egrum", que significa "entero" o "intacto". El verbo y el sustantivo ("integrar" /"integración") datan del siglo XVII, tal como los conocemos actualmente. El diccionario de la Real Academia Española define "integrar" como "constituir las partes de un todo" y en una segunda acepción, "incorporarse a un grupo para formar parte de éste".
"Integro", por otro lado, es aquello que "no carece de ninguna de sus partes". Las ideas de relieve en estas definiciones son, por lo tanto, la relación que existe entre un todo entero y las partes que conforman a ese todo, equitativamente , y le dan una identidad.
Si se contrasta el significado y los usos de "integrar" con los de "incluir", se puede observar que, si bien parecen presentar ideas semejantes, no son sinónimos. "Incluir" (del latín "incluyere", encerrar un objeto dentro de algo) significa "todo aquello que está agregado a un grupo". Será bueno observar, entonces, que el término "incluir" se aproxima más a la idea de "asimilar" que a la de "integrar", ya que reviste el sentido de ."poner algún
elemento extraño de un grupo dentro de un grupo y hacerlo formar parte de éste". Aquello que está incluido está encerrado dentro de un grupo, en cambio aquello que está integrado forma parte del grupo, es parte del entero.
El artículo continúa con el siguiente subtítulo: ¿Tiene incidencias en la práctica educativa el contraste de los significados de "incluir" e "integrar?
Entender que los alumnos con necesidades especiales "están incluidos" a las escuelas, o interpretar la palabra "integrar" como "incluir", son, por lo tanto, variables de decisión que afectan directamente la relación de los niños con el resto del grupo y con su propia educación. Pensar en alumnos incluidos y no integrantes de un grupo es invitar a un grupo de niños para que compartan un espacio físico (y así quedan encerrados en otro grupo) sin que se modifique este grupo y, por lo tanto, imponerles una modalidad de trabajo ya adoptada, sin la previa consideración acerca de la posible adaptación a las necesidades del núcleo ingresante. Tal situación provocaría un grupo de alumnos excluidos del diseño educativo dentro del cual se encuentran presentes. Por el contrario, pensar en la palabra "integrar" implica la necesaria modificación del grupo, entendido como una suma de integrantes que poseen necesidades particulares y compartidas.
Como se puede observar ambos términos difieren totalmente en su significado y nos plantean muchas interrogantes.
Se preguntarán por qué escribí este artículo? La razón es simple: Aclarar el significado de ambas palabras y su incidencia dentro de la Educación de Sordos, a fin de que muchas personas no piensen, tal como me sucedió a mi, que se trata de una misma cosa.
Como el Ministerio de Educación de Chile promueve en diversos documentos la Inclusión educativa de alumnos con necesidades especiales, entre ellos los sordos, necesariamente debemos concluir que no es lo más adecuado, ya que se trataría de una visión equivocada que sólo contribuiría a mantener vigente los antiguos modelos paternalistas de asimilación y colonización sociocultural, que tanto daño han provocado a los educandos sordos. En otras palabras, se mantiene un sistema rechazado por la mayoría, presentado bajo un nuevo nombre y como una novedad innovativa.
Lo que podría entenderse como inclusión educativa, conforme a mi punto de vista personal, y teniendo presente documentación del propio MINEDUC, es que el objetivo es incluir en forma inmediata a la educación común a todos los niños sordos, desde su más temprana edad.
Lo anterior, a simple vista, podría ser considerado como correcto, pero debemos aclarar que los niños sordos necesitan de una atención y tratamiento altamente especializado, a fin de estimular todas sus potencialidades y desarrollar las condiciones mínimas necesarias que permitan, si se da el caso, su posterior integración a la educación común.
No olvidemos que la educación de niños y jóvenes con discapacidad auditiva es una de las más complejas y requiere de personal muy calificado para su tratamiento, lo que hace inviable la teoría de la inclusión educativa, ya que ni siquiera en este momento están dadas las condiciones mínimas por parte del profesorado chileno, que carece de conocimientos, capacitación y perfeccionamiento docente en el tema de la educación de sordos. Si la situación actual es que no existen las condiciones mínimas, tampoco se observan a futuro en la formación de los profesionales relacionados directa o indirectamente con la educación de sordos, por lo que tanto la integración como la inclusión educativa que patrocina el MINEDUC están destinadas al fracaso. Se le ha planteado este tema al Ministerio de Educación y la respuesta es que las Universidades son entidades autónomas, por lo que correspondería conversar directamente con ellas. Esta respuesta no es satisfactoria, desde ningún punto de vista, porque si bien el Ministerio no tiene facultades, si podría patrocinar o realizar una reunión entre el Consejo de Rectores y los actores involucrados, actuando así como mediador o punto de partida para el logro de los cambios curriculares que se requieren, de manera que garanticen las condiciones mínimas necesarias para el éxito de la integración.
Algunos de los puntos propuestos por una Comisión de Expertos, formada por el Ministerio de Educación, en la que no participaron directamente representantes calificados de la Comunidad Sorda en el tema educación, es frenar progresivamente el ingreso de niños con discapacidad a los niveles prebásico de las escuelas especiales, de modo que ingresen directamente a la educación común, desincentivar la creación de nuevas escuelas especiales y la incorporación de los niños con discapacidad a la escuela común debe iniciarse en el nivel de educación parvularia y los primeros años de la educación básica, avanzando gradualmente hacia los cursos y niveles superiores del sistema educativo.
Lo anterior, remitiéndonos exclusivamente a la educación de sordos, no deja de ser preocupante, porque todos los profesionales con años de experiencia en docencia de aula con niños, jóvenes y adultos sordos, saben que ello es totalmente imposible de llevar a cabo, ya que, reiteramos, para ello deben cumplirse una serie de condiciones y requisitos mínimos por parte de los educandos, que necesariamente comienzan y se desarrollan en una escuela especial de sordos, con profesores especialistas en la materia. Téngase presente que si a ello se suma el hecho de las nulas condiciones actuales y futuras en materia de conocimiento, capacitación y perfeccionamiento por parte del profesorado de establecimientos educacionales comunes, las conclusiones son contundentes, la más completa inviabilidad y fracaso del sistema.
Lo enunciado no corresponde sólo a una opinión personal y aislada, sino que es compartida por la mayoría de los profesores especialistas en educación del sordo, desde Arica a Punta Arenas, que se oponen a la inclusión, pero no a la integración, siempre y cuando se cumplan con los requisitos mínimos para ello.
El Ministerio de Educación de Chile debería escuchar la voz de la mayoría, ateniéndose al dicho Vox populi, vox Dei, y esperemos que así lo haga.
|
Integración de Sordos a la Educación Común en Chile ¿Crónica de una Muerte Anunciada?
Víctor Castillo Martínez, Docente de Lengua de Señas Chilena. Fecha de publicación: Año 2002
Mucho se ha hablado sobre las ventajas de la integración de las personas discapacitadas al sistema común de enseñanza. No se puede negar que ello es cierto, siempre y cuando se cumplan una serie de requisitos para el éxito de la integración.
En esta oportunidad quiero referirme a los intentos de integrar a jóvenes sordos a la Enseñanza Media en Chile.
En los dos últimos años, el Gobierno de Chile está empeñado en integrar a todos los discapacitados al sistema de educación común, omitiendo considerar aspectos fundamentales para el pleno éxito de ese objetivo. Las autoridades se amparan en la igualdad de oportunidades, educación e integración para todos, pero extraoficialmente se ha comentado que la razón es otra y de tipo económico, ya que la educación especial resulta demasiado onerosa de mantener, pues un solo alumno con necesidades educativas especiales le significa al Estado un desembolso aproximado de $ 100.000 mensuales; de ahí el objetivo encubierto de la integración, ya que los costos se rebajarían a más del 50%. Obviamente, el Gobierno lo niega terminantemente, sin embargo es un secreto a voces entre la comunidad de la educación diferencial.
Con respecto a la integración de jóvenes sordos a la Educación Media común, equivalente a estudios secundarios, últimamente y con el patrocinio de las autoridades se está procediendo a la integración indiscriminada, presentándolo ante los ojos de la opinión pública como un proyecto novedoso e innovador que ha significado un logro importante o un éxito pleno.
Sin embargo, lo anterior dista mucho de la realidad por cuanto el sistema educacional chileno común no está preparado para una plena integración de alumnos sordos. En efecto, es sabido, y así lo demuestran estudios internacionales sobre la materia, que para lograr la integración exitosa de un sordo a la educación común se deben considerar los siguientes factores:
*El alumno debe poseer un elevado coeficiente intelectual
*Poseer buena lectura labio facial
*Ser capaz de realizar lectura en forma comprensiva
*Poseer un desarrollo aceptable del aspecto cognitivo
*Poseer cierto grado de independencia e iniciativa
Obviamente, el alumno que no reúne las condiciones descritas no se encuentra apto para integrarse a la educación común, donde debe interactuar con un grupo aproximado de 40 alumnos oyentes. Además, los docentes, al no estar interiorizados de las necesidades educativas especiales que requiere un alumno sordo, no saben como enfrentar el problema, siendo el resultado un fracaso escolar.
Lo anterior es una variable que se viene dando a nivel mundial, y Chile, un país muy atrasado en materia de educación e integración del sordo, no puede ser una excepción a la regla. Si a esto sumamos el hecho de que los planes o proyectos de integración, como es costumbre, son elaborados por personas oyentes y desde el punto de vista oyente, sin considerar para nada la opinión de especialistas sordos o expertos en la materia, es lógico que el resultado, pese a las buenas intenciones, en la práctica se traduzcan en el más completo fracaso.
Resulta preocupante la indolencia y negativa de las autoridades a comprender lo ya enunciado anteriormente y corregir los errores señalados, insistiendo en proyectos que, más que favorecer a los jóvenes sordos, sólo tienden a provocar un daño y crear un estado de frustración.
Al señalar que el enfoque incorrecto de la integración de sordos a la educación común les provoca un estado de frustración, me refiero al hecho de que constituye una integración forzada, se crean falsas expectativas entre los padres y los mismos alumnos, y arroja a los jóvenes sordos a un mundo desconocido para ellos, muchas veces sin la más mínima preparación, donde se sienten excluidos e incapaces de interactuar con el ambiente que los rodea, obteniendo, por lo general, muy bajas calificaciones y nulos avances en materia escolar.
En mi contacto con un grupo de jóvenes sordos recientemente integrados a la Educación Media común, la mayoría de los cuales no cumplen con los requisitos mínimos necesarios para una buena integración y además son usuarios del lenguaje de señas, éstos me han manifestado que los profesores se pasean por la sala dictando la materia, siéndoles imposible comprender lo que se trata en clase; deben interactuar con un grupo numeroso de alumnos oyentes; conseguir un cuaderno con la materia tratada, copiarla y que no entienden nada por tratarse de temas complejos de carácter abstracto (recordemos que el sordo tiene severos trastornos de comprensión de contenidos abstractos); la comunicación con el docente les resulta difícil e incomprensible, y, por último, a pesar de contar con el apoyo de un docente diferencial, fuera del horario de clases, éste sólo les explica la materia en forma resumida y con apoyo del lenguaje de señas, lo que también les resulta insuficiente.
Además de lo anterior, los mismos alumnos sordos integrados reconocen que se encuentran en un medio hostil no por voluntad propia, sino porque así lo exigen sus padres, los que, a su vez, han sido fuertemente concientizados e influenciados por profesores y autoridades que participan de ese proyecto. A todas luces se trata de una integración forzada, donde lo único que vale es el éxito pleno de la experiencia, sin importar los medios, y no se considera la opinión, sentimientos y estado emocional del alumno al que se pretende favorecer.
A lo largo de mi carrera docente también he sido testigo de numerosos fracasos escolares de jóvenes sordos integrados a la Educación Básica y Media común, sólo en la Región de Valparaíso, Chile. De ellos, muchos cumplían todos los requisitos para una integración exitosa, pero aún así no fueron capaces de adaptarse a las exigencias del sistema educacional común, finalizando invariablemente sus estudios en un establecimiento de educación de sordos que cuenta con Educación Básica y Media, impartida por profesores oyentes capacitados en el uso del lenguaje de señas, utilizando de preferencia el sistema de comunicación bilingüe. Gracias a ello, muchos jóvenes sordos pudieron terminar sus estudios secundarios, integrándose posteriormente al mundo laboral o continuando estudios en institutos profesionales.
Para concluir, a la luz de los porfiados hechos, resulta claro que los actuales proyectos de integración de jóvenes sordos a la Educación Media común en Chile, que no consideren los requisitos mínimos que debe cumplir una persona sorda para su integración y no incluyan en su elaboración la valiosa participación de los profesores sordos o especialistas en la materia, se encuentran destinados al más completo de los fracasos. Se trata de un proceso que ya está muerto antes de nacer.
Sería importante considerar la inclusión de materias sobre discapacidad en la malla curricular de las carreras de Pedagogía en Educación que imparten las casas de estudios superiores, como una forma de entregar un mínimo de preparación a los futuros docentes para que puedan desarrollar un mejor trabajo en caso de que se integre un alumno con necesidades educativas especiales a su curso. Esto subsanaría en gran parte el total desconocimiento que los actuales docentes tienen sobre la materia y es una de las causas principales del fracaso de la integración escolar.
En lo que se refiere al tema de la sordera, los futuros profesionales de la educación deberían recibir un curso obligatorio de lenguaje de señas y psicología del sordo, ya que sólo así contarán con las herramientas necesarias para el pleno logro de los objetivos que persigue la integración.
Se debe considerar también que, aunque existan jóvenes sordos que cumplan todos los requisitos para una plena integración al sistema educacional común, siempre existirán muchos que no podrán adaptarse a esas exigencias y ello nos plantea la siguiente interrogante: ¿qué hacer o qué ofrecer como alternativa en este caso?
La respuesta es una sola, considerando el fracaso escolar, la dasadaptación social, la frustración, el daño emocional y los nulos avances pedagógicos: la creación de establecimientos educacionales para sordos que impartan Educación Básica y Media Común, con profesores capacitados en el uso del lenguaje de señas, donde las materias sean impartidas a través del sistema bilingüe, en un ambiente apropiado, donde los alumnos se sientan cómodos, respetados, puedan comprender los contenidos entregados, participar y compartir con sus pares a través de su lengua natural y su propio medio sociocultural.
La propuesta ya está presentada, ahora sólo compete a las autoridades educacionales asumir el desafío y enmendar los errores que impiden una verdadera integración del sordo a la educación común.
|
Profesores Sordos v/s Profesores Oyentes en la Enseñanza de la Lengua de Señas en Chile
Víctor Castillo Martínez, Docente de Lengua de Señas Chilena. Fecha de publicación: Año 2001
Mucho se ha discutido sobre quienes son las personas más idóneas para ejercer docencia de Lengua de Señas, sin embargo la propia UNESCO reconoce que los mejores profesores de Lengua de Señas son los propios sordos, por cuanto ellos dominan ampliamente su lengua natural y están al tanto de las nuevas señas que surgen a diario, pues la Lengua de Señas al igual que la Lengua Oral evoluciona y se enriquece constantemente. Los oyentes, sean profesionales de la educación o familiares de sordos, no están en contacto permanente con la Comunidad Sorda adulta, donde se manejan las señas establecidas a nivel nacional y regional, quedando en clara desventaja ante los profesionales sordos. Desconocer esta realidad constituye simplemente una aberración.
Lo anterior, siguiendo una lógica natural, nos lleva a la conclusión de que las personas más idóneas para ejercer docencia de la Lengua de Señas Chilena son los propios sordos.
Sin embargo esta realidad no es compartida ni respetada por los profesionales de la educación oyentes y familiares de sordos, persistiendo en realizar clases de Lengua de Señas, provocando con ello un gran daño a la Comunidad Sorda y perjudicando también a la comunidad oyente.
A continuación, nos referiremos a los profesionales de la educación oyentes.
Estas personas son, por lo general, profesores de Educación Diferencial Mención Audición y Lenguaje, Psicopedagogos o simples profesores de Educación Básica que cumplen labores en Escuelas de Sordos, los que, por el sólo hecho de tomar un Curso Básico de Lengua de Señas o relacionarse con niños y jóvenes sordos, se sienten plenamente capacitados para ejercer docencia de Lengua de Señas, sin considerar que la capacitación que recibieron tenía por objetivo dotarlos de una herramienta que les permita establecer una mejor comunicación y facilitar su trabajo con personas sordas que no pueden darse a entender en forma oral o escrita, pero en ningún caso se les capacitó para ejercer docencia.
Se podría decir que estos profesionales, al estar en contacto diario con niños y jóvenes sordos, tienen un buen dominio de la Lengua de Señas, pero esto no se ajusta a la realidad por cuanto los niños y jóvenes sordos, al igual que sus pares oyentes, se encuentran en un proceso de formación y desarrollo de su lenguaje, desconociendo por completo la existencia de señas establecidas y de uso frecuente utilizadas por la Comunidad Sorda adulta.
Se ha podido observar que los profesionales de la educación oyentes sólo manejan correctamente un porcentaje ínfimo de señas y, al desconocer las señas establecidas y utilizadas a nivel nacional y regional, no vacilan en inventar algunas para suplir su carencia o, en el peor de los casos, le consultan a los niños sordos ¿cómo se realiza tal seña?. Además es tal la cantidad de errores en que incurren, como por ejemplo: realizar la seña limpio por blanco, construcción por edificio, instituto por estatuto, algunos por alumnos, domingo por marzo, y otras señas totalmente desconocidas e incomprensibles para la Comunidad Sorda.
También se ha podido observar que estos profesionales oyentes, además de ejercer docencia de Lengua de Señas, realizan funciones de intérpretes, dando un espectáculo lamentable, por cuanto su interpretación adolece de reiterados errores, no sigue una secuencia lógica y es absolutamente incoherente para los sordos adultos.
Sorprende de sobremanera el hecho de que estos profesionales de la educación están plenamente conscientes de sus limitaciones, pero aún así persisten en su obstinación, a pesar de que su formación universitaria incluye principios de ética y moral profesional, que en este caso no respetan y, al parecer, actúan movidos por intereses de tipo económico y figuración personal, más que por verdadera vocación de servicio.
Otra aberración en que incurren estas personas, es la realización de cursos a la comunidad, estudiantes de Pedagogía y Educación Diferencial, centros de culto, hospitales y algunos organismos públicos o privados, que tienen una duración de entre 3 y 4 meses, 2 o 3 horas semanales (equivalente a una vez por semana), sin contar con programas adecuados y que sigan una secuencia lógica. Esto es totalmente absurdo porque, dada la riqueza y variedad de la Lengua de Señas, es una utopía pretender que en esas condiciones se entregará una buena enseñanza y se aprenderá a utilizar correctamente la Lengua de Señas.
En lo que se relaciona con las personas que son familiares de sordos, se debe dejar en claro que el sólo hecho de tener lazos familiares, ya sea como nieto e hijo de sordos, no significa de ninguna manera que esa persona se encuentre plenamente habilitada para ejercer docencia de Lengua de Señas. Se podrá afirmar que al vivir en una familia formada por sordos es capaz de manejar muy bien ese medio de comunicación, lo que puede ser considerado sólo en parte, pues tal como se expuso, se debe estar en permanente contacto y participación con la Comunidad Sorda adulta para estar al tanto de la evolución y nuevas señas que se utilizan, situación que no se da pues sus conocimientos y manejo de la Lengua de Señas se limita únicamente al entorno familiar.
En conclusión, podemos afirmar que las personas más idóneas para la realización de docencia de Lengua de Señas Chilena son las que lo utilizan como su medio de comunicación natural, a saber las Personas Sordas.
Pero, no nos engañemos: No cualquier Persona Sorda puede ejercer docencia de Lengua de Señas. En efecto, es sabido que para el ejercicio de la profesión docente se exigen ciertos requisitos, lo que también es exigible para los profesionales sordos. El docente sordo de Lengua de Señas Chilena debe saber leer y escribir en forma comprensiva, poseer nociones de planificación y evaluación pedagógica, tener amplio dominio sobre el tema y también dominar la Lengua Oral, ya que debe ser capaz de explicar en forma clara y comprensiva los principales aspectos de la Lengua de Señas, su estructuración, diversas formas de aplicación, según el contexto, etc., quien no cumpla con estos requisitos mínimos obviamente no se encuentra plenamente habilitado para desempeñar docencia.
A pesar de lo establecido, el tema es demasiado complejo por cuanto la comunidad oyente y las autoridades desconocen totalmente esta realidad, avalando inconscientemente la proliferación de personas no habilitadas para el ejercicio de docencia de Lengua de Señas Chilena.
Otro problema que se observa es que el Ministerio de Educación, organismo encargado de velar por la calidad de la enseñanza y el cumplimiento de la normativa legal relacionada con la educación, no maneja en absoluto el tema ni reconoce legalmente a los profesionales sordos de la educación, lo que contribuye a mantener el caos existente en perjuicio de la enseñanza óptima de la Lengua de Señas Chilena.
En el último tiempo, dado que el Estado y la sociedad chilena han manifestado una mayor sensibilidad ante el tema de la discapacidad, mediante la presentación de Proyectos de Ley que beneficien a las Personas Sordas, Proyecto de reconocimiento de la Lengua de Señas, modificación de la Ley de Integración Social, etc., se ha evidenciado un gran interés por el aprendizaje de la Lengua de Señas, lo que, si bien es beneficioso para la Comunidad Sorda, plantea un nuevo problema: la imperiosa necesidad de que el Ministerio de Educación, de una vez por todas, con la colaboración directa de la Confederación Nacional de Sordos de Chile, se decida a establecer una normativa que regule el ejercicio de la enseñanza de la Lengua de Señas en Chile.
Lo anterior sólo sería posible si se comienza a tener en consideración la valiosa experiencia profesional que pueden aportar los Profesores Sordos de Lengua de Señas Chilena, con lo cual se estarían poniendo en práctica los preceptos establecidos en diversos estudios realizados por destacados investigadores extranjeros en la materia: una iniciativa que nazca desde y para los propios Sordos, asegurando así el éxito de la misma. Obviar lo anterior equivale a tropezar con la misma piedra: que las buenas intenciones sólo se traduzcan en uno de los tantos fracasos en que se ha incurrido por décadas, más que nada por tratar de llevar a cabo iniciativas desde el punto de vista de los oyentes, que difieren por completo de las reales necesidades socio culturales de la Comunidad Sorda.
|
Los profesionales y el uso de la Lengua de Señas en Chile
Víctor Castillo Martínez, Docente de Lengua de Señas Chilena. Fecha de publicación: Año 2000
En las últimas décadas se ha producido un importante interés por el estudio y difusión del lenguaje de señas en Chile, lo que se ha traducido en la realización de estudios lingüísticos realizados por algunas universidades, charlas, seminarios, debates y mesas redondas, todo ello enfocado desde el punto de vista de los oyentes, además de cursos de capacitación a algunos organismos públicos y privados, y a la comunidad en general.
Esto último ha traído como consecuencia el brote indiscriminado de instructores de lenguaje de señas, tanto sordos como oyentes, muchos de ellos sin la debida preparación ni dominio suficiente del correcto uso y aplicación del lenguaje de señas.
Estudios realizados por destacados profesionales a nivel internacional arrojan como resultado concluyente que los mejores profesores de lenguaje de señas son los mismos sordos, pero no cualquier sordo puede desarrollar esta labor por cuanto deben cumplirse una serie de requisitos básicos como poseer una buena preparación académica, saber leer y escribir, tener nociones de organización y planificación curricular, y poder expresarse oralmente para explicar las diferentes aplicaciones, estructuración y gramática del lenguaje de señas.
Chile es un país de fuerte raigambre centralista, donde todas las decisiones son tomadas a nivel central en su capital, Santiago, no considerándose en muchos sentidos la diversidad social, cultural, económica, geográfica y política del resto de las regiones que lo componen. Esto hace que no se considere el hecho de que, al igual como sucede en diferentes países del mundo, el lenguaje de señas difiere de una región a otra, lo que lo hace distinto al de la capital. Aquí se produce un problema mayúsculo ya que, por ignorancia de la comunidad oyente, incluidos los profesionales de la educación y las autoridades de gobierno, se da por sentado que Chile tiene un solo lenguaje de señas, lo que no se ajusta para nada a la realidad. El problema del centralismo no sólo afecta a la sociedad oyente sino que también atrapa en sus redes a los mismos sordos, pues las agrupaciones de sordos de la capital conocen perfectamente la no universalidad del lenguaje de señas, sin embargo callan y no reconocen ni respetan los lenguajes de señas regionales. Esto lleva a que desde la capital se trate de imponer un lenguaje que difiere completamente al utilizado en las regiones.
Con respecto al lenguaje de señas, podemos afirmar que Chile se divide en tres grandes zonas, a saber norte, centro y sur, donde imperan realidades distintas. La zona norte se caracteriza por ser una zona desértica, con una economía minera, pesquera y pisquera. La zona central es un amplio valle verde, de clima templado, regado por ríos, rodeado de montañas y concentra la mayoría de las empresas e industrias de los más diversos rubros. La zona sur es un fértil valle verde, de clima templado lluvioso, con una economía agrícola, pesquera, vitivinícola y ganadera, con lagos, montañas y paisajes inhóspitos. De acuerdo a esta división zonal, resulta lógico que los lenguajes de señas sean diferentes pues éstos se originan conforme a la realidad de cada una de ellas.
Al comienzo de este artículo me refería con preocupación a la proliferación de instructores de lenguaje de señas. Vuelvo a referirme a ello, esta vez con respecto a las personas oyentes que ejercen como tales. También es un hecho refrendado por estudios internacionales que ningún oyente puede ni podrá dominar el 100% del correcto uso y aplicación del lenguaje de señas, pues se debe mantener un perfeccionamiento sistemático, además de estar en contacto diario con la comunidad de sordos, lo que no sucede con frecuencia, por cuanto la lengua de señas al igual que el lenguaje oral cambia y se enriquece día a día, y se debe estar al tanto de los nuevos conceptos, giros y modismos que se originan en el lenguaje utilizado por los sordos.
Lo más preocupante de los oyentes que ejercen como instructores de lenguaje de señas es que se trata, en su mayoría, de profesores de educación diferencial o profesores de escuelas de sordos, que luego de tomar y finalizar el curso respectivo, por lo general de 6 meses de duración, ya se sienten capacitados para enseñarlo a otras personas. Las razones del por qué se deben la necesidad de ser considerados como expertos o especialistas en lenguaje de señas y la problemática del sordo, con el fin de posicionarse dentro de la comunidad académica, además de lograr mayores ingresos económicos. Esta situación se torna delicada por cuanto se proyecta una imagen ficticia y se desvirtúa el correcto uso aplicación del lenguaje de señas, entregando muchas veces señas erróneas o inexistentes y desconocidas en la comunidad de sordos. Lo más grave es que estas personas al ser profesionales de la educación, regidos por códigos éticos y morales, son plenamente conscientes de sus limitaciones y, pese a ello, siguen adelante, con lo que estarían faltando descaradamente a la ética profesional.
Durante el transcurso de mi carrera profesional he sido testigo de las aberraciones que cometen los profesionales de la educación oyentes con el lenguaje de señas, tanto en la traducción de actos oficiales como en clases, además en el desarrollo de una conversación con personas sordas. Ante el desconocimiento del correcto uso y aplicación de las señas, los profesores no vacilan en consultarles a los propios alumnos cómo se realiza tal seña, sin tener en cuenta que el alumno sordo, al igual que un alumno oyente, se encuentra en proceso de formación de su propio lenguaje y aún no lo domina ampliamente. En traducciones de actos oficiales, organizados tanto por el establecimiento educacional como por instituciones públicas o privadas, la traducción resulta, en la mayoría de los casos, incorrecta e ininteligible para los propios sordos.
Lamentablemente, en Chile no existe un control ni un código ético que regule el ejercicio de la enseñanza del lenguaje de señas, donde a la propia comunidad sorda le cabe una gran responsabilidad al respecto por cuanto nunca han sido capaces de ponerse de acuerdo en la creación de un organismo nacional que establezca normas sobre la materia, lo que se debe principalmente a actitudes de tipo centralista y excluyente de la participación de profesionales sordos de las regiones.
Lo ideal sería establecer un gran acuerdo nacional donde se reconozca y se respete la diversidad del lenguaje de señas de cada región, así como la exclusividad de los profesionales sordos calificados para enseñarlos en su región de origen y el compromiso ético y moral por parte de los profesionales de la educación oyentes de no interferir en un ámbito que no es su especialidad, algo que es difícil pero no imposible de lograr.
|